Los críticos a tiempo parcial de los bancos centrales

Autor: Mark Spitznagel

Hoy en día no son escasos los inversionistas y expertos que critican las intervenciones que hacen los bancos centrales sobre los mercados del mundo. Su argumento es que el estímulo monetario, que viene en forma de tasas de interés artificialmente bajas y balances inflados presentados por los propios bancos centrales ($18,5 billones, para ser exactos) ha creado otra peligrosa burbuja financiera (la evidencia son los sospechosamente altos índices de valoración bursátil) que amenaza nuevamente al sistema económico. El autor comparte de todo corazón esta crítica.

Pero aquí viene un problema ético, ¿dónde estaban esas voces cuando todo comenzó, con Greenspan en la década de 1990 y, más específicamente, con Bernanke en 2008? Los críticos actuales de los bancos centrales que en su momento no cuestionaron – y en la mayoría de los casos incluso simpatizaron con – los grandes rescates y estímulos que comenzaron hace casi una década, únicamente han dirigido sus críticas hacia aquellas intervenciones que parecen perjudicar sus intereses, a diferencia de aquellos que los han ayudado. Después de todo, nadie estaría en desacuerdo con que los rescates y los estímulos monetarios nos sacaron de la última crisis financiera, pero no podemos olvidar que también nos llevaron a la situación en la que nos encontramos hoy, de vulnerabilidad ante una crisis aún más grande.

Nos preocupamos por nuestro amigo el drogadicto, pero le prestamos muy poca atención cuando era apenas un usuario casual. Es tan fácil hacerse cargo de los problemas cuando parecen obvios y críticos, pero es tan difícil cuando son más sutiles e incipientes. Lo mismo aplica para los estímulos artificiales de la economía: el problema se ignora fácilmente cuando está en una fase temprana de desarrollo, pero termina convirtiéndose en una terrible tragedia. Los estímulos han alterado y distorsionado la estructura de los mercados, de modo que no pueden eliminarse sin que se rompan esas nuevas estructuras. Deben aumentarse cada vez más, aunque eso solo retrasará el inevitable colapso.

Es demasiado fácil en el entorno de inversión actual, e incluso necesario para la mayoría de los participantes, simpatizar e incluso aprovechar las intervenciones de los bancos centrales. Hacer lo contrario genera un costo de oportunidad en la propia carrera y en las inversiones. Pero hacerlo, convierte al inversionista en un agente que promueve la autodestructiva relación de dependencia entre el sistema económico y el estímulo artificial. . No se puede ser un liberal clásico a tiempo parcial, criticando la planificación central solo cuando va en contra de los propios intereses. De hecho, ese es el problema mismo del socialismo: hay ganadores y perdedores; los ganadores están en el aquí y ahora — que es la parte que se ve; los perdedores están en el futuro — que es la parte que no se ve. Los ganadores no se quejan, y los perdedores no pueden hacerlo hasta que es demasiado tarde.

Pero a medida que el futuro se convierte en presente, la parte que no se veía ahora sí se ve, aquellos que en este momento piensan que se están anticipando a un problema y a sus causas, aunque hayan respaldado la misma causa cuando les traía beneficios, deben ser vistos tal y como son: cómplices de la ideología de la planificación central que se ha apoderado de los mercados financieros modernos. Es demasiado tarde para ellos.

Nota: éste artículo fue traducido por David Chávez Salazar. El original se encuentra aquí y fue publicado el 14 de julio de 2017. 

 

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