Reivindicando el transhumanismo

Autor: David Chávez Salazar

El transhumanismo es un movimiento intelectual que aboga por el avance y aplicación de la biotecnología, la nanotecnología y las tecnologías de la información para el mejoramiento de la condición humana, ofreciendo al Hombre la superación de sus limitaciones físicas y cognitivas. Esta filosofía posee una visión optimista del futuro al imaginar un mundo en el que el ser humano es capaz de alargar su esperanza de vida, incluso por cientos de años, y editar su configuración genética según sus preferencias.

Entre las tecnologías que prometen este ideal encontramos: los “bebes de diseño”, la generación de gametos in vitro,la criónica,la creación de órganos sintéticos, los nootrópicos y las interfaces cerebro-computadora. En el terreno especulativo se piensa en la clonación humana y en la transferencia mental.

Debido a la naturaleza de su propuesta, el transhumanismo es una de las ideas más polémicas de la actualidad. De hecho, el influyente pensador estadounidense Francis Fukuyamaha llegado a tildarla como la “idea más peligrosa del mundo”. La oposición al transhumanismo se conoce bajo el nombre genérico de “bioconservatismo”, que cubre un amplio espectro de detractores, desde aquellos que ven en la modificación de la condición humana un acto inmoral y contrario al orden natural – principalmente por motivos religiosos – hasta fanáticos de extrema izquierda que desprecian el progreso tecnológico por sus efectos sobre la “igualdad” social y el equilibrio ecológico.

A continuación, vamos a ver tres de las objeciones más comunes al transhumanismo con sus respectivas réplicas.

“El transhumanismo vulnera la dignidad humana”

Con las mejoras tecnológicas defendidas por el transhumanismo, el hombre parecerá más una máquina que una Al quedar reducido a un objeto, se pierde la identidad humana y con ella su dignidad inherente.

Quienes recurren a este argumento parecen olvidar que la idea del mejoramiento humano no es nueva. Durante toda nuestra historia nos hemos esforzado por liberarnos de ataduras biológicas y cognitivas. La máxima expresión de dignidad humana consiste, precisamente, en dirigir el rumbo de nuestra propia evolución. 

El transhumanismono aborrece la actual condición humana, a pesar de sus defectos. Al contrario, valora profundamente la infinita capacidad creadora del hombre moderno y es por ello que confía en que la usará para avanzar en la escala evolutiva a niveles insospechados.

Por otra parte, al fomentar el control individual sobre la mente y el cuerpo, el transhumanismo es un canto a la libertad, elemento fundamental de la dignidad humana.

No todos podrán acceder a las mejoras que promueve el transhumanismo

Como señala el científico estadounidense Raymond Kurzweil, en el futuro las curvas de costos de la tecnología declinarán, por lo que los avances de la ingeniería serán mucho más baratos y estarán disponibles para sectores más amplios de la población.

Por otra parte, si las mejoras biológicas se traducen en mayores niveles de productividad, las empresas buscarán la manera de promoverlas. Incluso, desde un punto de vista más optimista, se prevé que cosas como la instalación de genes por pedido llegarán a ser rutinarios.

De esa manera desaparece la posibilidad de vivir un escenario apocalíptico en el que una pequeña élite de humanos mejorados esclavicea la gran mayoría de humanos corrientes.

El transhumanismo es un ideal totalitario

Algunos ven semejanzas entre el transhumanismo y el totalitarismo. Ambos tendrían como objetivo la creación de un hombre nuevo (como pretende el comunismo) por medio de una clase social dirigente, que en el caso del transhumanismo serían los científicos.

      Al respecto, es necesario indicar varias cosas. En primer lugar, cada individuo es propietario de su cuerpo, por lo que él es el único que tiene derecho a decidir qué hacer con él. Eso significa que habrá personas que rechacen hacerse una mejora, así como en la actualidad hay quienes rehúsan vacunar a sus hijos o vivir al margen de las comodidades del mundo moderno. En ningún caso, nadie debe ser forzado a aceptar tecnologías que encuentren moralmente reprochables.

La única manera en la que el transhumanismo podría adoptar tintes totalitarios es si es implementado como política de Estado. De ahí la necesidad de mantener a este aparato de coerción por fuera del noble ideal transhumanista.

El verdadero transhumanismo es libertario. No persigue ningún objetivo al cual ha de someterse toda la población sino que cree en una eugenesia pacífica y voluntaria, en la que el libre mercado actúa como el mejor garante del derecho al perfeccionamiento humano.

A pesar de las objeciones lo cierto es que el transhumanismo es inevitable. La irrupción de nuevas tecnologías para el mejoramiento humano es imparable, la vida tal y como la conocemos ese transformará por completo. Sin embargo, no hay por qué temer. La historia nos enseña que el progreso tecnológico ha traído más beneficios que perjuicios, esta vez no será diferente.

Para quienes aún guarden temores, piensen en que el perfeccionamiento humano también podría manifestarse en el plano moral, a través de la práctica del principio de tolerancia entre seres humanos “mejorados” y “no mejorados”, que constituiría la realización de la ética de no-agresión.

 

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